“Siempre he tenido vocación de médico y siempre supe que sería ginecóloga. A partir de ahí veía dos opciones, dedicarme al cáncer o ayudar a la gente a tener hijos. Me gustó la fertilidad porque tienes que saber medicina interna, biología molecular, genética, investigación… Es una disciplina en constante cambio y tienes que estar muy actualizada. Además, las satisfacciones que da la fertilidad no se pueden comparar con nada. Si de un día para otro ofreces a alguien la posibilidad de tener hijos después de años de abortos… a la gente le cambia la vida para bien.”

La Dra. Manoli Roca habla a una velocidad vertiginosa, y aún así da la impresión de que su mente trabaja más rápido aún, que las palabras se le agolpan ya listas para ser expresadas con toda la coherencia y el conocimiento de una persona que domina el tema sin fisuras. Puede pasar del lenguaje técnico a los sentimientos más profundos como dos tenistas se pasan la pelota en un intercambio de boleas. No cabe duda que la doctora Roca ama su labor. Una labor que conoce a la perfección.

“Siempre me he dedicado a la fertilidad. Me licencié en medicina en Murcia y ya llevo 15 años dedicada a la fertilidad. Con 19 años me fui a Senegal y con 20 a Brasil a prestar ayuda humanitaria. En Brasil estuve en una maternidad, fue mi primer contacto con la ginecología. Me he formado trabajando al lado de los mejores. Como se forma la gente, trabajando mano a mano. Me mandaron a Irlanda y me dejaban sola desde el principio porque confiaban en mí.”

“Después de muchos años trabajando en clínicas de fertilidad de Alicante y Murcia, decidí formar una clínica con mi propio equipo. Siempre me he relacionado con gente que sabe más que yo, con trayectorias en centros de reproducción asistida de máximo nivel mundial. El respaldo que tengo es enorme.”

Para la Dra. Roca, por encima de todo están las mujeres y las parejas que llevan meses o años sufriendo el hecho de no poder tener hijos. Sabe que cuando conoce a estas personas, cuando escucha sus casos, están en uno de los momentos más importantes de sus vidas, y poder ayudarlos con la sensibilidad que merecen es lo más importante: “La gente que viene a fertilidad tiene un corazón y hay que cuidarlo. La infertilidad es un problema que rompe muchas parejas y hay que tratarlo con cuidado. No es una enfermedad, pero tienen el derecho de ser atendidos.”

Y la satisfacción no tiene precio: “El otro día recibí el mejor regalo que se puede recibir. Es una pareja que tuvo muchos problemas para tener un hijo. Fue muy difícil sacarlo adelante. Me trajeron una foto de su hijo con un ‘gracias por todo’. El niño se llama Marcelino y ya tiene 8 años. Lo que más me gusta es cuando me traen la foto de los niños.”

Uno de los pilares del mundo de la fertilidad es la donación de óvulos. Se trata de un tema muy delicado porque muchas mujeres no ven claro donar un óvulo, sienten que habrá un hijo suyo por el mundo y no lo conocerán: “Las donantes son chicas muy jóvenes que han vivido una situación en la que alguien ha precisado una donación de ovocitos. Por ejemplo, que tienen alguna amiga con un cáncer de ovario, que la quimioterapia ha mermado su posibilidad de ser madre. Hay que estar muy sensibilizada para ser donante porque hay que tenerlo muy claro. Se trata de una obra de generosidad tremenda. Es un esfuerzo físico, mental, emocional… y nosotros les explicamos todo claramente para que comprendan, lo piensen y decidan.”

Las señoras que gestan, por su parte, y sus parejas, deben asumir que el hijo que van a engendrar sí será suyo, y el proceso de aceptación de tal hecho no es fácil: “La gente tiene la mentalidad de que el niño no es suyo, pero sí, porque lleva la sangre de la receptora. Al principio, asumir eso cuesta. El ovocito es una célula microscópica que transmite carga genética, que solo consiste en el color de los ojos y el pelo, la estatura, la piel y la tendencia a según qué tipo de enfermedades.”

Precisamente por la carga genética que lleva el ovocito, las clínicas de fertilidad tienen la responsabilidad de ser muy meticulosas en el proceso de selección de donantes, aunque éstas escaseen y haya parejas a la espera: “Somos muy detallistas y no escatimamos en pruebas. De esta decisión se deriva el éxito del proceso entero.”

«Lo mejor es cuando me traen la foto de los niños»