La Dra. Dolores Pérez Abad (30/3009406) es la cara visible de la Unidad de Atención Continuada Pediátrica del Hospital Mesa del Castillo. Junto a otros doctores, esta pediatra mantiene abierta la consulta de urgencias de 9 de la mañana a 9 de la noche los 365 días del año sin necesidad de sacar cita previa. Mesa del Castillo tiene convenio con la mayoría de las compañías aseguradoras en el servicio de pediatría.

¿Quién es la Dra. Pérez Abad?

Nací en Venezuela, hija de españoles que emigraron en el 54. Allí hice mis estudios completos. Me gradué en medicina y luego en pediatría. En el año 2016, por las condiciones que vive mi país y teniendo la nacionalidad española y la homologación del título, decidí venir a España. En aquel momento la Unidad de Pediatría de Mesa del Castillo estaba comenzando y yo me uní al equipo.

¿Por qué se hizo pediatra?

Siempre me gustó más la parte clínica que la quirúrgica. Dentro de la clínica preferí la pediatría porque me gustan mucho los niños y porque tuve muchos hijos y sobrinos y siempre estuve vinculada con los ‘locos bajitos’, como les digo.

¿Qué supone la salud de los niños para sus padres?

Todo. Su universo se transforma totalmente. La vida de los padres gira entorno a sus hijos. La salud de los niños es algo fundamental para sus padres.

¿En qué puede ayudar la unidad de pediatría del HMDC?

Esta unidad no solamente trata el problema médico sino que también se enfoca en la puericultura, en acompañar y orientar a los padres en el proceso de aprendizaje en la crianza. Nuestra labor, además de curar una enfermedad puntual, es guiar a los padres en sus dudas y en aquellas facetas en las que ves que no están actuando adecuadamente.

“Acompañar y orientar a los padres es parte de mi labor como pediatra”

Llega el calor. ¿En qué deben reparar los padres para prevenir problemas de salud con sus hijos?

Ahora empezaremos con las patologías enterales como gastritis y diarreas. También comienza a hacerse presente el virus de la varicela. Y más entrado el calor debemos tener en cuenta las quemaduras solares. No olvidamos los catarros, que siempre pueden estar presentes, pero lo más importante ahora son los cuadros enterales.

¿Cómo podemos distinguir entre una infección por virus y una por bacteria?

Los cuadros virales se auto limitan. A medida que pasan los días, la sintomatología va mejorando. En los cuadros bacterianos el niño también tiene fiebre pero afectan más al estado general, Suele haber ganglios y los síntomas van a peor.

¿Los padres deben prescribir antibióticos a los hijos?

No es recomendable. La automedicación es muy mala. Afortunadamente no existe la venta de antibióticos sin receta. A los padres hay que tranquilizarlos y explicarles lo importante que es ver la evolución para tomar una decisión. También es importante hacer saber el riesgo del abuso de antibióticos porque el uso de un antibiótico genera resistencias bacterianas que podrían hacer que no sea de utilidad cuando realmente sea necesario.

¿Qué podemos decir a los padres que deciden no vacunar a sus hijos?

Por suerte las familias que suelen venir están con medicina alopática y no homeopática. Yo les diría que echen la vista atrás, cuando hace tan solo 50 años hubo aquí una epidemia de poliomielitis. O que busquen los estragos el sarampión. Desde la aparición de las vacunas, todas esas enfermedades que diezmaron a las poblaciones están prácticamente desaparecidas. Y que busquen en países donde hay baja cobertura de vacunas cómo están comenzando los brotes de difteria y tosferina a hacer estragos.

¿Cómo pacientes, qué diferencia hay entre un niño y un adulto?

Mis colegas que ven adultos me dicen que nosotros los pediatras somos como veterinarios porque tenemos que adivinar la enfermedad. Yo digo que los niños no mienten. El niño cuando está mal, lo demuestra. Hay que verlo como un individuo, un ser humano, no como un adulto pequeño. En la práctica es más fácil observar y determinar lo que padece un niño que un adulto. El niño te da el síntoma a la primera, en cambio el adulto tiene muchos mecanismos de defensa para camuflar o disfrazar según qué síntomas.