Recientemente pudimos leer en la prensa que más de la mitad de las intervenciones por violencia doméstica son agresiones de hijos a padres.

Sobre la temática, hace unos meses publicamos que José Antonio Rabadán  (psicopedagogo del Hospital Mesa del Castillo) y Ana María Giménez publicarían un artículo científico desde la Universidad de Murcia en octubre de 2014 en la revista International Journal of Psicology and Psicological Therapy bajo el nombre: “Validación de un registro observacional para la detección del Síndrome del Emperador en el aula”. Dicho artículo ya está publicado y puede consultarse en este enlace.

En síntesis, se trata de una herramienta para la detección del síndrome del emperador en alumnos desde las aulas por parte de los maestros. El artículo facilita una escala de observación dirigida a docentes de último ciclo de educación primaria y de secundaria para la detección precoz en el aula de este trastorno de conducta.

“El tratamiento psicológico del síndrome del emperador se debe aplicar a toda la familia”

Se trata de una tabla con 28 preguntas que se contestan con base en la observación de un alumno sospechoso de presentar síndrome del emperador. En función del resultado, que se obtiene con la suma de las puntuaciones de cada respuesta, el maestro podrá concluir si el comportamiento sospechoso es motivo de alarma y se encuentra ante un caso precoz de dicho síndrome.

La importancia de esta herramienta es, según Rabadán, “que es complicado detectar el síndrome desde los hogares, ya que es motivo de sentido de culpabilidad y vergüenza para los padres y en muchos casos se silencia hasta que la actitud se manifiesta en forma de violencia física”.

Hablamos con José Antonio Rabadán sobre la utilización del método:

¿Qué debería hacerse para que la herramienta llegue a los maestros de forma eficaz?

Para obtener la validación definitiva de la herramienta de detección debemos realizar un estudio piloto en los propios centros educativos testando dicha herramienta con distintos profesionales del sistema educativo y con alumnos que muestren, y no, los síntomas descritos en la tabla tipo Likert con los 28 ítems.

¿Cuándo debe un maestro tomar la iniciativa de aplicar la encuesta a un alumno? ¿Bajo qué criterios?

Según la legislación regional vigente en materia de educación, el responsable último de la derivación e intervención en los alumnos es del tutor. Esta legislación, traslada la responsabilidad al tutor, ya que, después del entorno familiar, es el profesional que más tiempo interacciona con los niños. Esto le capacita para detectar los cambios de conducta y las interacciones que establece con el grupo normativo. En el caso de iniciarse un cambio en el cual se detecten conductas descritas en la tabla que hemos propuesto, sería el momento de iniciar el proceso.

Eso sí, al docente no lo podemos dejar sólo en el proceso y menos aún responsabilizarlo en exclusividad. Ahora, más que nunca, estamos demandando al docente una importante ampliación de las competencias de su desempeño, cuestión que ha de estar apoyada por parte de las instituciones con la formación y el apoyo institucional pertinente.

Marginación y exclusión, drogadicción, Nini, pandilleros y múltiples denuncias por apropiaciones indebidas y agresiones a padres. Por ello, hemos de concienciar a los padres de que en caso necesario se han de abordar también las medidas judiciales.

Una vez aplicada la encuesta y obtenido un resultado en el que el síndrome del emperador está afectando al alumno o alumna, ¿Qué debe hacer el maestro? ¿A quién se lo debe comunicar?

La comunidad educativa tiene establecidos mecanismos para iniciar el abordaje de estas situaciones en caso de ser detectadas. Se ha de comunicar a los EOEP y a los Profesores Técnicos de Servicio a la Comunidad y en caso de ser necesario a los equipos de EOEP específicos de convivencia escolar y a las Unidades de Trabajo Social con las autoridades locales (policía local y nacional) pertinentes. Iniciado el proceso, si los profesionales y tutores legales no establecen mecanismos de eliminación de estas conductas, el pronóstico es desalentador: Marginación y exclusión, drogadicción, Nini, pandilleros y múltiples denuncias por apropiaciones indebidas y agresiones a padres. Por ello, hemos de concienciar a los padres de que en caso necesario se han de abordar también las medidas judiciales.

La única forma de eliminar estas conductas es con tratamiento especializado, tanto del niño como de la familia, por lo que “mañana será mejor”, “ya no va a pasar más” o “cuando madure”, no funciona.

Si los padres no son receptivos con la información, ¿qué debe hacer el maestro?

Comunicarlo a las autoridades educativas, sociales y en caso necesario judiciales. Este proceso no es de regresión espontánea. La única forma de eliminar estas conductas es con tratamiento especializado, tanto del niño como de la familia, por lo que “mañana será mejor”, “ya no va a pasar más” o “cuando madure”, no funciona.

Para un tratamiento correcto del síndrome del emperador, debemos establecer un proceso psicoeducativo para todos los actores de esta situación (la familia al completo)

¿En qué consiste un tratamiento precoz de síndrome del emperador?

Partiendo de las tres características fundamentales que determinan las características del síndrome del emperador, dificultad para mostrar culpa y arrepentimiento sincero, incapacidad para aprender de los errores y de los castigos y conductas habituales de desafío, mentiras e incluso actos crueles (hacia la madre y hermanos fundamentalmente), hemos de establecer un abordaje multidisciplinar y desde todos los ámbitos que incidan potenciando estas conductas. Debemos establecer un proceso psicoeducativo para todos los actores de esta situación (la familia al completo) a la vez que debemos establecer unos límites relacionales y un tratamiento cognitivo-conductual y modificación de conducta hacia el niño (resolución de conflictos, autoestima, habilidades sociales, empatía, etc..). Al mismo tiempo, la institución escolar, por medio de los equipos de tutores, orientadores y equipos directivos, tienen un papel protagonista en esta situación. Si con estas medidas iniciales no se obtiene los resultados esperados, por el proyecto vital de todos los miembros de la familia y la propia calidad de vida, se ha de recurrir a los servicios sociales y judiciales, en el caso de que fuera necesario.

Según el artículo publicado, “el perfil del niño emperador, en constante aumento en nuestra sociedad hoy, suele ser el de un varón de unos 9-17 años, hijos únicos, y de clase media-alta, aunque no es desestimable en niñas”. Se trata de un perfil muy determinado. ¿Qué convierte a este grupo en diana del síndrome del emperador?

Efectivamente ese es el perfil, pero no está exento de padecer el síndrome del emperador ningún estrato social y ninguna edad o característica, como podemos observar en los nuevos casos detectados. El rango de edad se está ampliando a edades más tempranas, el sexo femenino está aumentando su presencia en la patología y el estrato social se va ampliando a distintos de lo visto al inicio del fenómeno.

Se está perdiendo una parte fundamental del ser humano, el sentimiento de culpa, que es lo que nos hace del todo humanos.
Tenemos una sociedad llena de incertidumbres y escasez de proyectos vitales y valores. Estamos inmersos en la necesidad de la inmediatez y del hedonismo y los referentes sociales existentes no son precisamente el mejor de los espejos para reflejarnos. La corrupción social, la falta de sentimiento de culpa, el fracaso de los valores religiosos, el cambio de estructura de la familia y los roles de los participantes de la misma hacen pensar a nuestros jóvenes que los sentimientos de culpa por los actos realizados provienen de otro tiempo y otra cultura y que todo se justifica para conseguir nuestros fines y deseos. Se está perdiendo una parte fundamental del ser humano, el sentimiento de culpa, que es lo que nos hace del todo humanos. La unificación y puesta en marcha de criterios de intervención y derivación de estos niños debería ser el objetivo principal de nuestros esfuerzos.

Estamos hablando de un problema igual o mayor que la violencia de género. ¿Cómo cree que evolucionará en los próximos diez años?

Las perspectivas no son halagüeñas. Los casos de violencia de hijos a padres van aumentando año tras año y la respuesta que estamos ofertando no modifica la tendencia existente.

Estamos trabajando al respecto y desde la universidad, la consejería de educación, con tutores y equipos de orientación y las instituciones sociales y judiciales pretendemos dar respuesta a esta demanda social urgente. Uno de los primeros pasos, y que estamos intentando pilotar en el área de Jumilla-Yecla, sería coordinar y unificar a todos los estamentos y todos los esfuerzos que cada uno de nosotros estamos realizando por separado.

Debemos dar respuesta inmediata a esta demanda. La unificación y puesta en marcha de criterios de intervención y derivación de estos niños debería ser el objetivo principal de nuestros esfuerzos.