La información médica, sobre todo aquella que alcanza al público, está notablemente revestida de sensacionalismo y malos augurios. Tal parece que los medios nos han acostumbrado a reconocer las noticias que impactan de forma negativa, y con ello, disipar nuestra atención de las gestas heroicas, el Humanismo, la creatividad y los augurios que tendrían que aliviar el peso de la vida.

Estas semanas, la prestigiosa revista New England Journal of Medicine, allá donde sacude el aguanieve, nos brinda dos noticias que disipan la bruma de la violencia y la desesperanza.

Por un lado, varios estudios multicéntricos han demostrado que en la década del 2000 – 2010 se redujo la incidencia de demencia en la población senil. Esta devastadora epidemia, que parecía arrasar con todo aquel que se hacía bisabuelo, parece estar declinando. Las razones invocadas radican en la lucha contra la hiperlipidemia, un mejor acceso a la educación y los cambios favorables en el estilo de vida de la población adulta en los países encuestados (todos del Primer Mundo, ni hablar).

Quizá la cola del cometa nos alcance a nosotros (el Dr. Boix vive y trabaja en México), y en algún lugar de Latinoamérica, África o del Asia pobre, reconozcamos que podemos ahuyentar el fantasma del deterioro cognitivo si comemos más sano, hacemos más ejercicio y leemos un poco más.
A continuación les incluyo una tabla que resume estas tendencias y los estudios que lo avalan.
Cartas del Dr. Boix VIII – Dos buenas noticias

La segunda nota también es prometedora, aunque más compleja. La búsqueda de una vacuna contra el SIDA ha sido una empresa titánica perseguida con igual pasión pero distinto afán, por los investigadores en Infectología y por la industria farmacéutica. Es meritorio señalar que los prototipos de vacunas se están acercando cada vez más al blanco.

Se han detectado exitosamente los sitios de unión e los anticuerpos neutralizantes en la proteína de recubrimiento del VIH (denominada Env por su nomenclatura en inglés). Y se cree que en la medida que se consigan vectores que apuntan a estos sitios de ligadura, la neutralización del crecimiento viral es asequible.

Una vacuna diseñada por el NIH en Bethesda hace dos años, se probó en hombres homosexuales y si bien no se pudo documentar un alza en su nivel de anticuerpos (lo que hizo que se suspendiera el protocolo en Abril pasado), se vio que la incidencia de infección se redujo significativamente entre los vacunados.

La idea es que estamos en vísperas de encontrar una vacuna polivalente (como la de la Influenza) que mitigue los riesgos de infección en individuos que tienen conductas de riesgo (sexo sin protección, uso de drogas intravenosas, quienes se dedican a la prostitución, etc.).

Si no podemos cambiar nuestra naturaleza, al menos intentaremos hacer la existencia menos miserable.

Espero que este breviario adorne un poco la ilusión que asoma en estas épocas desiguales.

   Dr. Alberto A. Palacios Boix