Hospital Mesa del Castillo incorpora a su Unidad de Pediatría la especialidad de psicología clínica y psiquiatría, enfocada a la salud mental de los más pequeños. En las pocas semanas que la consulta lleva abierta, son muchos los pacientes que han acudido a su consejo. Hablamos con el psicópedagogo clínico José Antonio Rabadán Rubio, responsable de la especialidad en Mesa del Castillo.

¿Qué diferencias hay entre un niño y un adulto a nivel psicológico?

La psicología de adultos y niños presenta peculiaridades idiosincrásicas, derivadas del desarrollo madurativo de cada una de las etapas. Las diferencias entre el cerebro infantil en desarrollo y el cerebro del adulto en post-desarrollo, cuantitativa y cualitativamente son muy diferentes y, por tanto, el propio abordaje.

La psicología infantil aborda los problemas psicológicos más frecuentes en los niños, así como la manera de hacer frente a los trastornos del comportamiento, las conductas inadecuadas, miedos y fobias de la etapa madurativa que nos ocupa. En cualquier caso, la construcción de la personalidad y de la propia salud mental del adulto tiene su génesis en la etapa infantil.

Están creciendo las patologías psíquicas y psicológicas entre los más pequeños ¿A qué se debe?

Disponemos de estudios que constatan que las consultas de salud mental han crecido un 40% en 4 años y, en el caso de los niños y adolescentes, la evolución es todavía más preocupante, con un crecimiento del 52,7%. Se estima que alrededor de un 15% de los menores en España, padece algún tipo de trastorno de la conducta que afecta directamente al entorno familiar y, en numerosas ocasiones, debería disponer de un tratamiento en Salud Mental.

No contamos con datos fidedignos para afirmarlo pero, voces muy representativas de la especialidad, nos dicen que el hedonismo, el predominio de lo emocional, la cultura de la instantaneidad y la perversión del concepto de libertad y del merecimiento, suponen importantes disminuciones de calidad de vida, convivencia y valores, lo que lleva a los niños y, no tan niños, a un sentimiento permanente de frustración, de vacío y de absurdo.

¿Qué deben y qué no deben hacer los padres para contribuir a la salud psicológica de sus hijos?

Los padres son un factor fundamental en la higiene mental de los pequeños. Exceptuando cuestiones muy puntuales, la mayor parte de las conductas son aprendidas y de estas el método fundamental de aprendizaje es por medio de la imitación. Los padres, por tanto, son los primeros ejemplos de que dispone un niño para establecer su salud mental y su relación con el entorno. Es importante, así pues, que los progenitores, desde el primer momento de vida propicien en los niños confianza y sentido de seguridad. Esto les puede ayudar a explorar su mundo y desarrollarse para alcanzar en un futuro autonomía, independencia y autosuficiencia.

¿Los padres, deberíamos estar más preparados para conocer las consecuencias de nuestros actos sobre nuestros hijos?

El rol paterno es fundamental en la educación y en el bienestar psicológico de nuestros hijos. Sin duda, nuestros niños no nacen con un manual de instrucciones debajo del brazo, por lo que en ocasiones, el contribuir positivamente en el desarrollo de nuestros hijos, no es tarea fácil. Las dinámicas, sociales, políticas y profesionales nos han imbuido en una dinámica de “siempre corriendo”, la cual nos hace que perdamos muchas de las prioridades de la propia existencia y no disfrutemos de compartir e interactuar con los nuestros, nuestros hijos.

Muchas terapias psicológicas en adultos pasan por verbalizar, expresar y usar la lógica ¿En los niños es diferente?

Cuando el que enferma es un niño, la búsqueda de respuestas al porqué de su malestar, tiende a verse distorsionada. La enfermedad se convierte para el menor en algo arbitrario e injusto. El niño valora la situación que le ha tocado vivir como amenazante e intenta afrontarla en función de su estilo cognitivo. La adopción de una u otra actitud, que favorecerá o dificultará la adaptación a la enfermedad, vendrá condicionada por las características personales del paciente.

Es frecuente que la población infantil, consecuencia de sus escasas experiencias, no cuente con las habilidades adecuadas para afrontar de forma pertinente la enfermedad. Será preciso que los profesionales enseñen de forma explícita al niño recursos que permitan sobrellevar las circunstancias acontecidas y adaptar las terapias a las necesidades específicas del niño. Los niños son, en esencia, curiosos, divertidos y creativos y, por tanto, más simbólicos que verbales. En consecuencia, la terapia psicológica infantil persigue regresar al niño a su esencia a través del juegos, dibujos y a través de la interacción con el terapeuta.

Usted, junto a la psicopedagoga Encarna Hernández, han publicado un trabajo sobre la importancia del cuento en el niño hospitalizado. Se trata de un canto al poder curativo de la imaginación

En el paciente pediátrico, el uso de la literatura infantil no únicamente sirve como distracción, sino que, además, ejerce una gran influencia en la conducta indeseada del niño (miedo, ansiedad, estrés…). Así mismo, constituye una vía de evasión, una herramienta que le posibilita sobrellevar mejor su enfermedad y alcanzar un cierto bienestar emocional. Evidentemente, el libro no curará la enfermedad por sí mismo, pero influirá positivamente en el niño, mejorando su estado de ánimo. El cuento se convierte en “una de las medicinas más imprescindibles”. Y es que, la magia que tiende a impregnar las páginas de las historias infantiles, constituye una herramienta para afrontar la enfermedad.

A través de la lectura de historias fantásticas o la audición de la narración de las mismas, el niño hospitalizado se identifica con los personajes que hacen frente a situaciones problemáticas y las superan. Así, el placer intrínseco que tiende a acompañar a la lectura, permite al menor hospitalizado, a su vez, descubrir mensajes y afrontar problemas psicológicos que emergen de la situación sobrevenida que les ha tocado vivir (miedos que ya se creían superados, la soledad ante la enfermedad, el estrés…). De este modo, la lectura posibilita el abordaje de una realidad traumática como es la enfermedad infantil que, de otra forma, resultaría impenetrable.