Cuando damos un beso a nuestra pareja no solo transmitimos amor o pasión, también transmitimos bacterias. Diversos estudios demuestran que en un beso con contacto entre las lenguas durante 10 segundos o más se produce un intercambio de 80 millones de bacterias. Así, si no cuidamos nuestra higiene bucodental el beso puede ser fatal para nuestra salud bucodental, convirtiéndose en un auténtico medio de transporte para las bacterias de una boca a otra.

En la cavidad oral conviven más de 700 especies diferentes de bacterias, especies que pueden variar de una persona a otra tanto cuantitativa como cualitativamente, por lo que la población bacteriana de cada persona es única.

A pesar de lo anterior, se ha observado que las parejas tienden a tener en la lengua una población bacteriana más similar que el resto de individuos, debido a que además de producirse un intercambio de bacterias en el momento del beso, estas encuentran un nuevo lugar de colonización en las superficies de la lengua.

Cuanto mayor es la frecuencia en la que besamos a nuestra pareja, mayor similitud de especies bacterianas existirá entre ambos, especialmente en la saliva.

Esto provoca que si padecemos de alguna enfermedad bucodental como caries o periodontitis, podríamos transmitírsela a nuestra pareja. Para evitarlo, es muy importante seguir unos hábitos de higiene bucodental que permitan eliminar la mayor cantidad posible de biofilm, cepillando nuestros dientes al menos dos veces al día, utilizando seda o cinta dental, así como cepillos interproximales y/o colutorios que permitan un acabado mucho más completo y una mayor limpieza, contribuyendo así al buen mantenimiento de nuestra salud bucodental. Igualmente no debemos olvidad la visita a nuestro odontólogo de forma regular y la realización de una limpieza bucodental profesional al menos cada seis meses.

Por otro lado, besar provoca numerosos beneficios para nuestro organismo, entre los que destaca la estimulación de la fabricación de saliva, lo que ayuda a equilibrar el ph y a evitar la desmineralización de los dientes, protegiéndolos de enfermedades como la caries.

Esta mayor producción de saliva ayuda también a regular la presencia de bacterias en la cavidad oral, contribuyendo a disminuir la halitosis.